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Memorial de la Misericordia

El Memorial

El Memorial de la Misericordia es un espacio sagrado situado en la cima del cerro de la Loma Larga, en la unión de las ciudades de Monterrey y San Pedro Garza García, en el estado de Nuevo León. Pertenece a la Arquidiócesis de Monterrey y busca ser un lugar de paz, de oración y de transformación de la vida humana y espiritual, al servicio de la población local, de México y del mundo.

No se trata de una obra que comienza ahora. Este monte es, desde hace más de treinta años, un lugar de misión y peregrinación para las comunidades que viven a su alrededor. Hasta aquí suben, cada Viernes Santo, los fieles que acompañan el camino de la Cruz. Ante la imagen de Santa María de Guadalupe, Madre de la Misericordia, muchas familias vienen a rezar, a dar gracias y a pedir. El Memorial nace, por lo tanto, del reconocimiento de algo que ya sucedía: un pueblo que subía este monte para encontrarse con Dios.

Una obra confiada a los laicos

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Los laicos responsables del proyecto, o una reunión de trabajo en el monte

El proyecto del Memorial de la Misericordia fue confiado por el Señor Arzobispo de Monterrey a los fieles laicos de la Arquidiócesis, quienes asumieron la responsabilidad de conducirlo, edificarlo y responder por él.

Esta decisión no es un detalle administrativo. Expresa una convicción de la Iglesia: que la edificación del mundo, en lo que tiene de concreto (la ciudad, el trabajo, la vida social, las obras que permanecen), es vocación propia de los laicos. Aquí, esa vocación toma la forma de un compromiso asumido por hombres y mujeres de esta ciudad, que dedican tiempo, competencia profesional y recursos propios a una obra que no les pertenece, y que entregarán a la Iglesia y al pueblo de Dios.

A ellos corresponde no solamente construir, sino también soñar y planear lo que este lugar podrá ofrecer una vez concluido: a la comunidad que vive al pie del monte, a la ciudad de Monterrey y a cuantos vengan desde todo México y desde el mundo entero.

La obra se conduce en comunión con la Arquidiócesis de Monterrey y bajo la orientación pastoral del Señor Arzobispo.

El sentido de la palabra «Memorial»

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La Eucaristía celebrada en la Capilla de la Santa Cruz

Para quien no está familiarizado con el lenguaje de la Iglesia, esta palabra puede sugerir apenas el recuerdo de algo que ya pasó. El sentido, aquí, es otro, y es el más antiguo que la fe cristiana conoce.

Cuando Jesús instituyó la Eucaristía, la víspera de su Pasión, pidió a sus discípulos que hicieran aquello en memoria de Él. La Iglesia comprende esa petición no como una invitación a la nostalgia, sino como el modo que el propio Cristo eligió para permanecer presente entre los suyos. Hacer memoria, en sentido cristiano, no es mirar hacia atrás: es hacer presente. Por eso la Misa se llama Memorial: en ella, el amor manifestado en la Cruz no es solamente recordado, sino que verdaderamente se entrega de nuevo.

Este lugar recibe el mismo nombre porque es eso lo que guarda: no la memoria distante de un acontecimiento antiguo, sino una presencia viva.

Y hay todavía un segundo sentido, que se suma al primero. Un pueblo también hace memoria cuando deja inscrito en el tiempo aquello en lo que creyó. Las generaciones que nos precedieron nos entregaron la fe por medio de obras que atravesaron siglos: templos, imágenes, caminos, instituciones de caridad que siguieron sirviendo mucho después de la muerte de quienes las levantaron. El Memorial de la Misericordia es nuestra parte en esa entrega. Es el legado que este pueblo eligió dejar a quienes vendrán después de él.

Por qué edificar una obra así

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Las obras en curso: los cimientos y los primeros metros de la Cruz

Es justo preguntar por qué se construye algo de esta dimensión mientras hay tanta gente pasando necesidad. La pregunta es antigua: se le hizo a Jesús, en Betania, cuando una mujer derramó sobre Él un perfume de gran valor y alguien observó que aquello podría haberse vendido en favor de los pobres. La pregunta merece respuesta, y no silencio.

La primera parte de la respuesta es una constatación sencilla. Si toda esta obra se convirtiera en alimento y se repartiera mañana, alimentaría a mucha gente durante algún tiempo, y después no quedaría nada. Ni el alimento, ni el lugar, ni la posibilidad de continuar. El hambre del día siguiente encontraría las manos vacías. Ninguna obra humana, por grande que fuera, resolvería por sí sola la necesidad de un pueblo.

La segunda parte es lo que justifica edificar. Una obra perenne atraviesa el tiempo. Permanece en pie cuando quienes la construyeron ya no estén aquí, y sigue sirviendo en años que no veremos, a personas que aún no han nacido. Así ha obrado la Iglesia a lo largo de su historia: las comunidades más pobres levantaron los templos más hermosos, no por vanidad, sino porque comprendieron que la belleza y lo sagrado no son privilegio de quien tiene, sino derecho de quien cree. Y porque sabían que estaban construyendo para sus nietos.

La tercera parte es la más concreta. Aquí, la obra y el servicio no están separados. El Memorial no es un monumento al que después se le añadió alguna acción social para justificarlo. Surge con una labor misionera y de acompañamiento a las familias desde hace 28 años, con centros comunitarios a lo largo del monte, con talleres de emprendimiento para fomentar el trabajo y apoyar la economía familiar, con el acompañamiento. Cada etapa de la edificación camina junto con esas obras. No se levanta una cruz y después se piensa en nuestros hermanos: levantar la cruz y servir a nuestros hermanos más necesitados, en este proyecto, es el mismo gesto.

Por eso no llamamos monumento a este lugar. Un monumento se admira. Un memorial se habita, se recorre y se recibe. Lo que aquí se construye es un espacio que seguirá generando fe, cultura y vida humana mucho después de nosotros, para Monterrey y para todo el mundo.

Qué compone el Memorial

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Vista general del conjunto desde el aire, con la Explanada y la Cruz

El Memorial es un conjunto, y cada elemento tiene un significado propio dentro de él.

La Explanada es la puerta de entrada y el corazón del encuentro. En ella se encuentran el Jardín de María, la imagen de Santa María de Guadalupe, Madre de la Misericordia, y dos pequeñas cruces que custodian el espacio.

La Cruz de los Azulejos fue levantada por la propia comunidad durante la Semana Santa de 2015. Cada azulejo fue colocado por manos de familias del barrio. Se encuentra en el centro de una fuente de doce canales, que evoca el agua viva que brota del Corazón de Cristo. Ahí culmina, cada año, el Viacrucis que la comunidad recorre desde hace más de tres décadas.

La Cruz del Milenio fue colocada el Viernes Santo del año 2000, frente a la Capilla de la Santa Cruz. Fue tocada por una reliquia de la Santa Cruz y es venerada por los fieles como signo de la continuidad de la fe a lo largo de los siglos.

La Capilla de la Santa Cruz en la cima del monte, está dedicada a la adoración de Jesús Sacramentado, con turnos organizados a lo largo de la semana.

Los Senderos de peregrinación son rutas, en construcción, que llevarán hasta la cima. Serán cinco, y cada uno propone al peregrino una oración distinta: las obras de misericordia, el viacrucis, los dolores y gozos de San José, los misterios del Rosario y el ascenso desde la comunidad de San Francisco.

Los Senderos Espirituales la Misión Caminando con María, acción laical y acompañamiento pastoral: una iniciativa ideada e impulsada por laicos, que camina en comunión con la Iglesia bajo la orientación y el acompañamiento del párroco de la Parroquia Regional San Rogelio. El Club de Niños Caminando con María reúne a niños, familias y grupos apostólicos en la formación, la oración y el acompañamiento comunitario.

Centros Comunitarios el proyecto contempla además la edificación de diez centros comunitarios a lo largo del monte; a la fecha se han construido y están en operación los primeros dos centros.

Plan Independencia 2040 acompañamiento a niños y jóvenes desde la concepción hasta su graduación universitaria, para asegurar que cuenten con acceso a salud, educación, alimentación y un ambiente familiar adecuado para su sano desarrollo. A la fecha se brinda acompañamiento a más de 650 niños y jóvenes.

Talleres San José (Talleres de Emprendimiento) ofrece talleres prácticos y capacitación en trabajos manuales, impulsando el emprendimiento local para que las familias puedan generar sus propios ingresos y alcanzar la autonomía financiera.

La Cruz de la Misericordia

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El render de la Cruz terminada, o el estado actual de la construcción

En el centro de este conjunto se está edificando la Cruz de la Misericordia, cuyos cimientos están terminados y se empiezan a levantar los primeros metros de la cruz.

El diseño de la cruz está inspirado en el Señor de la Misericordia, ya que el triunfo de la cruz es la misericordia y el momento culminante de la misericordia es cuando del corazón traspasado de Jesús brotan sangre y agua, bautismo y comunión que consuman nuestra salvación. No fue concebida solamente para ser contemplada. Fue concebida para ser vivida.

En su interior habrá una capilla de adoración eucarística. Jesús estará ahí presente en el Santísimo Sacramento, en el punto más alto de este monte, día tras día, al alcance de quien quiera subir y permanecer ante Él. Esto la hace ser una cruz única en el mundo y un privilegio para nuestra ciudad. Más que una cruz, es Jesús mismo entregándose a la ciudad, a México y al mundo entero. Será un faro de luz, esperanza y misericordia para todos. Alrededor de la Cruz, el Memorial contempla espacios destinados al servicio de la comunidad: a la formación, a la acogida y a las obras sociales que de él nacerán.

Es en este sentido que puede hablarse de una cruz viva. No un signo levantado sobre la ciudad para ser admirado a la distancia, sino un lugar en el que se entra, en el que se reza y del que se sale transformado.

Las obras de misericordia

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El acompañamiento a las familias de la Colonia Independencia

El Memorial está cimentado en obras de misericordia que se han venido realizando en la comunidad aledaña desde hace más de 28 años.

La construcción del Memorial es una obra de misericordia en sí: cada tramo de la cruz se construye con obras de misericordia.

El Memorial no se completa en la cima del monte. Al contrario: es desde ahí que inicia y busca mover corazones para que todos vivamos y promovamos las obras de misericordia en nuestra vida diaria.

Estas obras no son consecuencia posterior de la construcción. Son parte constitutiva del Memorial, y la razón por la cual lleva este nombre.

Los propósitos de esta obra

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El Viacrucis del Viernes Santo subiendo el monte

El Memorial de la Misericordia fue establecido con tres propósitos, que orientan todo lo que en él se realiza: agradecer y alabar a Dios por su infinito amor y misericordia; fortalecer la fe y la esperanza en un mundo que tanto lo necesita; y aprender de Jesús en la cruz a vivir la misericordia en nuestras vidas.

A estos propósitos se suma el horizonte que motivó el inicio de la obra: el Memorial es una ofrenda a Dios con motivo de dos grandes celebraciones que se aproximan, los quinientos años del Acontecimiento Guadalupano, en 2031, y los dos mil años de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, en 2033.

Cómo se sostiene esta obra

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Benefactores y voluntarios en una jornada de trabajo

El Memorial de la Misericordia se sostiene enteramente por la generosidad de los fieles. No recibe recursos públicos, ni es costeado por las arcas de la Arquidiócesis. Cada etapa de la obra avanza en la medida en que personas (familias, benefactores y empresas de esta ciudad y de fuera de ella) deciden tomar parte en ella.

Por eso este proyecto pertenece, verdaderamente, a quienes lo construyen. Y por eso tu participación es necesaria.

La cruz es de todos. Cuando creemos, creamos.

La cruz es de todos.

Cuando creemos, creamos.

SÉ BENEFACTOR DEL MEMORIAL